Lucubraciones de un librero

Tal vez existan razones pero no llego a entenderlas. Seguramente varios colegas libreros, bibliotecarios y lectores tampoco. ¿Pretenden que hagamos ejercicio con la cabeza? Será una de esas manías de las editoriales de hacer las cosas cada uno como le da la gana. ¿Por qué no se meten de acuerdo las editoriales  para escribir el sentido del título en los lomos del los libros y eliminan de una puta vez todos los ribetes?

Los libros se hacen para que ocupen un estante y no, en general, para que estén sobre una mesa (para eso está el iPad).  Bien es cierto que los podemos poner horizontalmente y hacer montones. Aún y todo, creo, que los “kamikazes” que dedican a decidir el sentido del título y decidir el color del ribete  no se dan cuenta que nos obligan  a realizar maniobras evasivas para evitar posibles accidentes cervicales.

Hablando de "kamikazes" os recomiendo el último de Edgar Keret  "De repente llaman a la puerta". Me llegan rumores que en primavera-verano se publicará en euskara algo de Edgar Keret. Las pequeñas editoriales pintan muy bien y están haciendo las cosas con mucho fundamento. El trabajo de las pequeñas editoriales es muy parecido al de Koby uno de los protas en "El lechero en bicicleta". Libro y muy útil para el que quiera subirse a la revolución digital sin caerse en el intento. En cambio si nos fijamos en los lomos nos damos cuenta que el que diseña los lomos no se aplica el "no puedes desandar lo andado" de los autores Franc Carreras y Jenny Jobring.  Al loro chavales no os la juguéis con los lomos, vais en dirección contraria.

Uno de los que siempre está jodiendo es Risto Mejide. Esta vez nos a venido  con "#annoyomics el arte de molestar para ganar dinero". El libro con forma de huevo. No hay forma de ponerlo en una estantería. Anteriormente Risto Mejide nos vino con el “libro al revés”. El libro al revés por aquello de no saber por qué página ibas sino cuantas te faltaban. Tal vez el próximo libro sea de texto orientado en vertical y la numeración esté al revés y con un lomo sin letras. Todavía llegaría a molestar más, sería la mayor oda al incordio premeditado para ganar dinero.

Se podrían escribir unos cuantos libros sobre el sentido del título en los lomos del y los ribetes pero terminaré por recomendar unos cuantos libros que me he leído: "Ángel Esmeralda" de Don Delillo (me gusta el relato Creación, una pareja termina un crucero en una isla del Caribe y no pueden salir de ella, "La vida para principiantes" de Slawomir Mrozek, un diccionario intemporal pero a la vez actual donde  nos podemos encontrar con personales que no sólo roban  sino que encima mienten. "Culpa" de Ferdinand Von Schirach  donde el sentimiento de culpa actúa con mayor celeridad que la ley, "La soledad del corredor de fondo" de Alan Sillitoe donde en el primer relato habla de un joven que ingresa en un reformatorio donde tratan de integrar a los chicos con el deporte.  "Antigua Luz" de John Banville (Alexandre se enamora  de la madre de Bill Grey y incluso le llega a ver en pelotas),  "La tienda y la vida" de Isabel Sucunza que podría ser la vida de un librero de centro comercial, "La intrusa" de Eric Faye (escritor muy japo aun siendo francés) , "Intemperie" de Jesús Carrasco (nos hallamos en un espacio mesetario fácilmente identificable con la España central que según mi tía es Guadalajara), “El librero” de Régis de Sá Moreira, “Yo, precario” de Javier López Penacho (un libro en el que la deseperanza se eleva con la risa), “Limónov” de Emmanuele Carrere, “Twist” de Harkaitz Cano, “La buena novela” de Laurence Cossé (la historia de la librería que solo vendía obras maestras, uno llega a cuestionarse su trabajo de librero) “El arte de la defensa” de Chad Harbach y "Soñé con elefantes" de Ivica Djikic.

Todos los libros tenían ribete menos uno, el último. Venía plastificado, tipo celofán. Pero esto lo dejaré para un post posterior; libros plastificados además de diferencia de envases o "packaging".


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