La sobreproducción de los libros, sobredosis

¿Por qué va a ser negativa la sobreproducción de libros? Con una mayor producción, se le ofrece al lector un abanico más amplio donde elegir. Además, los libreros ofreceremos un servicio más satisfactorio al lector y tendremos mayores ventas, las editoriales podrán publicar más novedades y nuevas ediciones. ¿Pero qué sucede si partimos del lector? Si el lector deja de comprar libros, ¿Por qué se sigue produciendo las mismas cantidades de libros? ¿A caso no queda otra solución?

En el último post publicado hablamos sobre los conceptos que han de ser digeridos y entendidos sobre la lectura digital. Esta vez en cambio, hablaremos de la situación actual de la producción del libro de papel y como vemos el futuro del sector ante el posible derrumbe de su principal pilar: las consecuencias de la gratuidad del material escolar.

Para poder transmitiros la situación actual del sector del libro, necesitamos ofreceros números sobre la producción existente, por lo que acudimos a la página web del INE (Instituto Nacional de Estadística): en el estado español en el año 2007 se publicaron 73.000 títulos, con una medía de 3000 libros por título. En Euskadi se publicaron 2767 títulos, con una media de 1610 unidades de medía.

Con la intención de detallar y ofreceros más datos sobre el mercado vasco, acudimos a una publicación de Joan Mari Torrealdai en la revista Jakin, donde se ofrece un análisis cuantitativo sobre el lector de libro publicado en euskera. De este artículo hemos podido extraer que en el año 2006 se publicaron 1818 títulos tanto en euskera o bilingüe, de un total de 2362 publicaciones. A parte de esta cifra se aporta el número de publicaciones realizadas por cada editorial. Encabeza la lista la editorial Elkar, con 207 títulos publicados. Le siguen Ibaizabal-Edelvives (185), Elkar/Ikastolen Elkartea (132), Erein (76), Ttartalo (61), Giltza-Edebe (49), Alberdania (47), Hiria (40), Zubia-Santillana (38) y Pearson (30).

Simplemente fijándonos en los nombres de las editoriales, vemos que más de la mitad que componen esa lista son editoriales vinculadas al libro de texto y literatura infantil. Sumándole a este análisis los números de facturación ofrecidos por J. Gimenez en el informe del Consejo Cultural Vasco sobre la producción literaria vasca, el desglose se daría de la siguiente forma:

  • Libros de texto escolares y universitarios, 51% de la facturación en euskera.
  • Literatura adulta, %11.
  • Literatura infantil y juvenil, 26%.
  • Otros temarios (temática especializada, libros prácticos, diccionarios, enciclopedias, etc) %12.

Como vemos en este desglose, el mayor pilar del sector del libro vasco han sido los libros de texto y escolares, ya que soportan la mitad de la facturación. La perdida de este volumen de facturación para los libreros es demasiado importante. Si los libros de texto suponen el 40% de las ganancias de una librería, ¿Cómo podemos recuperar estas cuotas? ¿Cómo vamos a tapar este agujero?

Para empezar a sacar alguna conclusión clara, nos falta un dato muy importante, el número de lectores en euskera. En la Comunidad Autónoma Vasca los lectores habituales en euskera, en números absolutos, no supera los 325.000 lectores. Si extrapolamos este dato a todo el territorio que se habla euskera, el número de lectores se fija en 400.000. Con 4.500.000 de libros publicados al año (inclusive libros de texto) nos sale una media de 11 libros a leer por lector en euskera, en un mercado en el que sólo el 19% de los que afirman ser lectores leen más de 10 libros al año.

Seguro que todo esto necesita un estudio mucho más profundo, pero sí nos sirve para sacar un par de ideas claras. Para empezar, el publicar al año 2000 libros en euskera, se traduce por 5 libros diarios en euskera. 35 libros nuevos (entre novedades y reediciones) que buscan un lugar en nuestro pequeño escaparate.

El trabajo que realizan pequeñas editoriales independientes y editores editando libros en euskera es de quitarse el sombrero ya que el riesgo es mucho mayor.

Resistir 15 días a la vista de los clientes se convierte en una misión imposible. Las grandes editoriales son conscientes que descender la producción de libros sería recomendable, ya que no nos encontramos ante un mercado elástico, aunque nosotros lo queramos así. Pero descender la producción significa descender la cuota de mercado, reducir nuestro espacio en las librerías, y eso para cualquier editorial sería la hecatombe. En el sector seguimos funcionando por inercia en vez de funcionar por eficacia.

El ir y venir de todos estor libros supone para más de un librero un gran quebradero de cabeza. Nada más vemos llegar al transportista con su carreta el pánico se apodera de nosotros y la primera pregunta suele ser “¿Cuántos bultos traes?”. Los domingos se han convertido en el día de hacer las devoluciones en vez de ser el día de descanso. Abrir cajas, poner precios, preparar devoluciones, pérdida de tiempo y sobredosis de trabajo.

Situémonos por un instante nuestra librería en el año 2015. Vemos que todos los libros de texto son gratuitos, muchos de ellos digitalizados. No nos cuesta tanto tampoco imaginarnos que los libros de los alumnos de bachiller también son gratuitos. La lectura digital ya es un presente, comiéndose una gran parte del 26% de la facturación que generaba a las editoriales hace 7 años. Darán el salto al formato digital también gran parte de libros técnicos, guías de viajes... Puede que la lectura digital no sea abrir nuevos mercados de negocio, si no simplemente una de las pocas soluciones que nos quedan, un oasis fantasioso.

A las librerías nos espera un futuro muy negro, y si además nos ponemos trabas a nosotros mismos, se acabó. Se está abriendo paso delante de nosotros una cultura tecnológica, la gratuidad del material escolar, la digitalización y los nuevos cambios en el sistema escolar nos pone delante de un nuevo paradigma, empezando desde la editorial más grande y hasta la librería más pequeña.

Necesitamos leer, y quizá ahora y aquí, más que nunca.


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