Por un chato de vino, Lucas Platero

Eva Garrido es artista en travesía feminista. Trabaja en Madrid, donde desarrolla proyectos artísticos, educativos y de investigación dentro del colectivo formado junto a Yera Moreno Colektivof Define su relación con el dibujo como conflictiva, en una tensa conversación entre el papel y su propio cuerpo. Las imágenes de Un chato de vino son el resultado de la lucha entre lo inscrito y lo borrado, aquello que se nombra y el silencio.

A mi madre, que me hizo de muchas formas posible y que en estos días consiguió irse sin más.Las ilustraciones de este libro quieren ser un homenaje a las personas que en todas las épocasconstruyen espacios con su vida para otras vidas, como M.E. en la Barcelona del periodo franquista,como cada M.E. de la que no conocemos su nombre. Para ello me han ayudado el hacer de muchasartistas, las imágenes de Elina Brotherus, Catherine Opie, Claude Cahun y Colita, el lápiz y las sombrasde Joanna Hellgren y la mirada de Anne Marie Schwarzenbach siempre presente desde la foto que tengoen mi mesa. Todas ellas me acompañaron en este tiempo de dibujo.¿y si un día que sales a tomarte un chato de vino te lleva la Guardia Civil al cuartelillo? M.E. se busca lavida por las calles de Barcelona a finales de los años sesenta, a veces dona sangre, otras consigue algúndinero de la caridad o de sus amigas. Hasta que un mal día se topa con unos guardias civiles, quedescubren sus curvas bajo la ropa de hombre. El cuartelillo, la cárcel o el hospital son los espacios dedisciplinamiento a los que ha de someterse. Sólo sabemos lo que los médicos, guardias y juecesdictaminan a través de interrogatorios, plasmados en un puñado de hojas olvidadas en un archivo. Lomás espeluznante es lo que no se dice, pero que se imagina fácilmente. La masculinidad de M.E. lesresulta imposible, señalando su deseo por las mujeres como patológico y criminal, al tiempo queirrefrenable y por tanto, merecedor de castigo y reclusión. M.E. transgrede, casi involuntariamente, lasnormas morales de un franquismo que si bien se va apagando, sigue reprimiendo duramente a quienesse atreven a romper públicamente con sus dictados. Una represión que se enciende ante el «escándalopúblico» y que se ceba especialmente con aquellas personas cuya sexualidad y expresión de génerodesborda los límites de la «decencia», los roles de género binarios y la heterosexualidad obligatoria.Esta historia resuena aún hoy, en un tiempo que se dice lleno de derechos sexuales, pero en el que sesigue señalando estas rupturas con las expresiones de género más normativas como evidencias depatologías, cuyo diagnóstico se impone para acceder a un puñado de derechos incompletos.Raquel (Lucas) Platero Desde los años noventa forma parte del movimiento feminista y queer, al mismotiempo que ha desarrollado una intensa labor investigadora sobre la sexualidad no normativa. Es doctoren Sociología y Ciencias Políticas por la UNED y docente en intervención sociocomunitaria. Entre suspublicaciones más recientes, destacan Intersecciones. Cuerpos y sexualidades en la encrucijada(Bellaterra, 2012) y Trans'~exualidades. Acompañamientos, factores de salud y recursos educativos(Bellaterra, 2014).Fruto de su interés activista y académico por el presente de los derechos sexuales en el Estado español,se hace consciente de la importancia de estudiar la sexualidad durante el período franquista, lo cual lelleva a sumergirse en las experiencias de María Elena, a quien se le aplicaron medidas represivas por susexualidad y su expresión de género. Aunque nunca se han conocido personalmente, tienen vivenciasque podrían entenderse como entrelazadas, mostrando las huellas y el impacto de los cambios en laspolíticas sexuales vividas en el Estado español en los últimos cincuenta años.